SUPERHUMANOS

 

Son las 9 de la noche del día 22 de la cuarentena por el Coronavirus. A esa hora, cuando llego a casa, siempre vemos las noticias todos juntos para ver cómo avanza la situación. Después, Marcos prepara la cena , Jorge juega un rato con sus juguetes y Carlos termina sus deberes. Su escuela está siguiendo el curso on-line y parece que sus profesores y compañeros lo llevan bien. Hoy está enfrascado con una redacción sobre “Su Héroe” para la clase de lengua. Cuando me habló sobre la tarea a mí me dio por pensar: ¿quién es para mí un HÉROE? Y ese mismo día en la cena se lo pregunté a los tres. El pequeño Jorge nos señaló a su padre y a mí, sus dos pilares. Marcos, mi marido, dijo que yo soy su heroína porque si él no llega con las tareas de la casa y los niños, llego yo. Un poco cansada , porque trabajo muchas horas seguidas en el supermercado, pero sí, siempre llego.

Yo no pude evitar acordarme de mi abuelo. Creo que de él he sacado la energía y disciplina para poder seguir adelante incluso cuando hay momentos de bajón. Trabajó toda su vida de lo que pudo y tras mucho esfuerzo , montó su propia empresa con tres socios más. Pudo ahorrar mucho dinero y nos construyó la casa donde ahora vivo con mi familia.

 

– Pues para mí en este momento mis héroes sois los empleados de supermercados.

– ¿Y los trabajadores de la farmacia, los enfermeros, las enfermeras y doctores que están cuidando a los enfermos todo el tiempo? – preguntó Marcos .

– Su trabajo también es admirable pero cuando salimos a aplaudir al balcón, me gusta pensar que os aplaudo también a vosotros, mamá. Estáis tan al alcance del virus como la gente en un hospital .

 

El -ya no tan niño – tiene razón: estamos expuestos día a día. Me emociona que piense así sobre lo que hago pero igualmente, es mi trabajo. Tengo unas responsabilidades y las cumplo con pandemia o sin ella. Siento el mismo cansancio cuando termino mi jornada hoy , que hace dos meses .

 

– ¿Y los servicios de transporte que traen la compra a casa? – pregunté de nuevo.

– No conozco a nadie que se dedique a eso – rió un poco.

 

Marcos y yo cruzamos una mirada cómplice, fugaz y yo empecé a explicarle al niño:

 

– Cariño, me encanta que admires mi trabajo y el de mis compañeros pero , sabes que cada persona tiene unas obligaciones y yo sólo cumplo con las mías, ¿no? Tu tienes que estudiar y cuidar de Jorge, papá y yo trabajamos…

 

Carlos sonrió y dijo:

– Entonces yo también os escojo a tí y a papá. No solamente trabajáis. Cuidáis de nosotros y nos guiáis a Jorge y a mí para que seamos buenas personas que lo valoremos todo y a todos.

– ¡Me has entendido a la perfección! ¡Eres muy listo! Y, ¿sabes cómo vas a titular la redacción?

 

– Superhumanos.